Zumalac谩rregui
Zumalac谩rregui Sigui贸 la manada hacia las alturas del Puy, y ya cerca del santuario, vio Fago dos monjas dominicas. Corri贸 tras ellas; tropezando en un pedrusco, cay贸 cuan largo era, y el reba帽o le pas贸 por encima, llen谩ndole de tierra y basura. Alguien le dio la mano para levantarse, y un ratito tard贸 en volver de su turbaci贸n y recobrar la vista; el polvo le cegaba, la violencia de la ca铆da le trastornaba el mag铆n鈥 Vio el reba帽o meti茅ndose en un olivar cercano; las monjas entraban en el Puy. Quit谩ndose el polvo, corri贸 a la iglesia; pero las religiosas no estaban all铆. El sacrist谩n, a quien pregunt贸, d铆jole que all铆 no hab铆an entrado monjas, sino dos cl茅rigos menores, deudos de la casa, y que bien pudo suceder que, si el se帽or no ten铆a buena vista, hubiese tomado por monjas a los cl茅rigos, que eran peque帽itos de cuerpo y de rostros ani帽ados. No se convenci贸 el capell谩n, y se obstinaba en que eran religiosas dominicas, a lo que respondi贸 el ac贸lito que en el pueblo hab铆a benitas, clarisas y recoletas, todas en clausura rigurosa, y que no encontrar铆a dominicas aunque diera por ellas un ojo de la cara.