Zumalacárregui
Zumalacárregui Aquella noche refugió su aventura al amigo Arbués, fiel depositario de su confianza; y sacado a relucir el negocio de Saloma, díjole el comandante que corrieron voces de que había reanudado amorosos tratos con la hija de Ulibarri. Le habían visto con ella una noche en el parador del Manco, junto a Antoñana. También oyó decir Arbués que Saloma andaba de ama de un capellán cristino que sirvió en la división de Córdoba. Muerto el tal de una bala perdida que le cogió en Mendaza, la viuda, si así puede decirse, se había refugiado en un pueblo de la Amézcoa, donde criaba un niño del alcalde. Denegó el capellán la parte que le correspondía en estas historias, y puso en cuarentena lo demás, aguardando la ocasión de comprobarlo por sí mismo con ayuda de Dios.