Zumalacárregui
Zumalacárregui «A mí no puede ser, ¡carambo! —afirmó Borra apartando las guedejas que caían sobre sus sienes—, porque ya me las cortó el tunante de Mina el año 22, y no porque yo cometiese delito alguno, sino por crueldad sanguinaria… De modo que si alguna pena me aplican, sea la de muerte, y pronto, que nada le importa a quien aprecia la vida en menos que un cabello.
—Lo mismo digo —afirmó Fago—. Que me maten si quieren, si no han de darme la libertad».