Zumalacárregui

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🎯 ¿Cansado de los anuncios?
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—Lo mismo creo, mi General… Y aquí me tiene usted sin vocación ninguna, pues todas las he perdido, y con toda verdad le digo que no sé adónde han ido a parar. No tengo más que un deseo: el descanso. Y vuecencia me dirá: «¿Cómo puede estar cansado quien nada ha hecho?». Respondo que se cansa uno del tráfago del pensamiento tanto como de las acciones repetidas, obra del cuerpo y la voluntad. Se cansa uno de pensar lo que no hace, como se cansa de hacer las cosas pensadas por sí mismo o por otros. Yo soy hombre concluido. En cortos años, mi vida ha sido muy larga.

—No esté usted tan descontento de sí mismo —le dijo D. Tomás revolviéndose con trabajo en su lecho—. Serénese, y la vida le abrirá nuevos horizontes. Es usted joven: la religión le dará los alientos que hoy no tiene».

Creyó notar Fago que el General sentía vivos dolores, y que los disimulaba por atender a la visita. Se levantó para retirarse.

«Mi General —le dijo—, vuecencia necesita descansar, y estoy molestándole.

—Hombre, no… No tenga usted prisa… Estos malditos dolores no me dejan, no me dejan… ¡Qué le hemos de hacer!… Sufriremos todo lo que podamos. Ahora dicen esos señores que será preciso extraerme la bala, y que cuando la saquen me pondré bien. Allá veremos. Les he dicho que corten y rajen cuando quieran…


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