Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault Atraviesa un gran patio pavimentado de mármol, sube por la escalera, penetra en la sala de los guardias, que estaban colocados en fila, con la escopeta de rueda[87] al hombro y roncando a más y mejor. Atraviesa varias habitaciones, llenas de gentileshombres y de damas, todos dormidos, unos de pie, otros sentados; entra en una habitación completamente dorada y vio en una cama, cuyas cortinas estaban descorridas por todos los lados, el más bello espectáculo que pudo ver jamás: una princesa que parecÃa tener quince o dieciséis años y cuyo brillo resplandeciente tenÃa no sé qué de divino y luminoso.
Se acercó temblando y maravillado y se arrodilló a su lado. Entonces, como habÃa llegado el fin del encantamiento, la Princesa se despertó; y, mirándolo con ojos más tiernos de lo que una primera mirada puede permitir, dijo:
—¿Sois vos, PrÃncipe mÃo? Os habéis hecho esperar mucho tiempo.