Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault —Me gustarÃa más —dijo la Princesa— ser tan fea como vos, y tener inteligencia, que tener la belleza que tengo, y ser tan tonta como soy.
—Señora, no hay nada que demuestre tanto que se tiene inteligencia como creer no tenerla, y pertenece a la naturaleza de este don que, cuanto más tiene uno, más cree carecer de él.
—Eso no lo sé —dijo la Princesa—; lo que sà sé es que soy muy tonta, y de ahà viene la pena que me mata.
—Señora, si lo que os aflige no es más que eso, puedo fácilmente poner fin a vuestro dolor.
—¿Y cómo lo haréis? —dijo la Princesa.
—Señora —dijo Riquete el del copete—, tengo el poder de dar tanta inteligencia como se pueda tener a la persona a quien más ame, y como sois vos, señora, esa persona, no depende más que de vos el tener tanta inteligencia como se pueda tener, con tal que queráis casaros conmigo.
La Princesa se quedó cortada y no respondió nada.
—Veo —prosiguió Riquete el del copete— que la proposición os desagrada, y no me extraña; pero os doy un año entero para decidiros.