Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault —No temáis, hermanos; padre y madre nos han dejado aquÃ, pero yo os llevaré otra vez a casa; no tenéis más que seguirme. Lo siguieron, y los llevó hasta su casa por el mismo camino por el que habÃan ido al bosque. Al principio, no se atrevieron a entrar, sino que se colocaron todos contra la puerta para escuchar lo que decÃan su padre y su madre.
Nada más llegar el leñador y la leñadora a su casa, el señor del pueblo les mandó diez escudos que les debÃa desde hacÃa mucho tiempo y con los que ya no contaban. Aquello les devolvió la vida, pues la pobre gente estaba muriéndose de hambre. El leñador mandó inmediatamente a su mujer a la carnicerÃa. Como hacÃa mucho tiempo que no comÃa, compró tres veces más carne de lo que era necesario para cenar dos personas. Cuando estuvieron hartos, la leñadora dijo:
—¡Ay! ¿Dónde estarán ahora nuestros pobres hijos? ¡Qué buena comida harÃan con lo que nos sobra! Y has sido tú, Guillermo, has sido tú quien ha querido dejarlos que se pierdan; bien decÃa yo que nos arrepentirÃamos. ¿Qué harán ahora en el bosque? ¡Ay, Dios mÃo! ¡A lo mejor se los han comido ya los lobos! ¡Qué inhumano eres: haber perdido asà a tus hijos!
El leñador al fin se impacientó, porque ella estuvo repitiendo más de veinte veces que se arrepentirÃan de ello y que ella lo habÃa dicho. Y la amenazó con pegarla si no se callaba.