Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault Aquella buena gente estaba encantada de volver a ver a sus hijos y la alegría duró lo que duraron los diez escudos. Pero, en cuanto gastaron el dinero, volvieron a caer en su primera aflicción y decidieron abandonarlos de nuevo y, para no errar el golpe, llevarlos mucho más lejos que la primera vez.
No pudieron hablar de ello tan secretamente que Pulgarcito no los oyera, el cual tuvo la firme intención de salir de apuros como había hecho antes; pero, aunque se levantó muy temprano para ir a recoger piedrecitas, no pudo conseguirlo, pues encontró la puerta de la casa cerrada con dos vueltas de llave.
No sabía qué hacer, cuando, al darles la leñadora a cada uno un trozo de pan para la comida, pensó que podría utilizar el pan en vez de piedrecitas, echando las migajas a lo largo de los caminos por donde pasaran; y así, lo guardó en su bolsillo.
El padre y la madre los llevaron al sitio más espeso y más oscuro del bosque y, en cuanto estuvieron allí, tomaron un camino apartado y los dejaron.