Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault Pulgarcito no se afligió mucho, pues pensaba encontrar fácilmente el camino gracias al pan que había sembrado por todos los sitios por donde había pasado; pero se sorprendió mucho cuando no pudo volver a encontrar una sola migaja de pan; habían venido los pájaros y se lo habían comido todo. Y ahí los tenemos, muy desconsolados, porque cuanto más andaban, más se extraviaban y se internaban en el bosque.
Llegó la noche y se levantó un gran viento, que les daba un miedo espantoso. Por todas partes creían oír aullidos de lobos que venían hacia ellos para comérselos. Apenas se atrevían a hablarse ni a volver la cabeza. Sobrevino una fuerte lluvia que los caló hasta los huesos; resbalaban a cada paso y se caían en el barro, de donde volvían a levantarse totalmente embarrados, no sabiendo qué hacer con las manos.
Pulgarcito trepó a lo alto de un árbol para ver si divisaba algo; habiendo vuelto la cabeza hacia todos los lados, vio una lucecita como de una candela, pero que estaba muy lejos, más allá del bosque. Bajó del árbol; y, cuando llegó al suelo, ya no vio nada; aquello lo desconsoló. Sin embargo, después de haber andado un rato con sus hermanos del lado que había visto la luz, al salir del bosque volvió a verla.