Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault En seguida su mujer los escondió bajo la cama y fue a abrir la puerta. Lo primero que preguntó el ogro fue si estaba lista la cena y si había sacado el vino, y en seguida se sentó a la mesa. El cordero estaba todavía sangrando, pero precisamente por eso le pareció mejor.
Olfateaba a derecha e izquierda diciendo que olía a carne fresca.
—Será —le dijo su mujer el ternero que acabo de prepararos.
—Te repito otra vez que huele a carne fresca —prosiguió el ogro, mirando a su mujer de reojo—, y aquí hay algo que no entiendo.
Y, diciendo estas palabras, se levantó de la mesa y se fue directo a la cama.
—¡Ah, maldita mujer! —dijo él—. ¡Cómo querías engañarme, eh! No sé por qué no te como también a ti; tienes suerte de ser una vieja bestia. Esta caza me viene de perlas para convidar a tres ogros amigos míos que vendrán a verme estos días.