Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault A Monsieur***[38] enviándole Grisélidis
Si hubiera hecho caso de los diferentes consejos que me han dado a propósito de la obra que os envÃo, no hubiera quedado más que el cuento seco y simple, y en ese caso hubiera sido mejor que no la tocara y que la dejara envuelta en su papel azul, donde yace desde hace tantos años.
Empecé por leérsela a dos amigos mÃos:
—¿Para qué —dijo uno— extenderse tanto en el carácter de vuestro héroe? ¿Qué se nos da de saber lo que hacÃa por la mañana en su consejo, y menos aún en qué se divertÃa después de comer? Todo eso no es bueno más que para cortarlo.
—Yo os ruego —dijo el otro— que me quitéis esa respuesta jocosa que da a los diputados de su pueblo que lo apremian a casarse; no cuadra en absoluto a un prÃncipe grave y serio. ¿Me permitÃs también —prosiguió— que os aconseje suprimir la larga descripción de la caza? ¿Qué tiene que ver todo eso con el fondo de vuestra historia? Creedme, no son más que vanos y ambiciosos perifollos, que empobrecen vuestro poema en lugar de enriquecerlo. Lo mismo pasa —añadió— con los preparativos de la boda del prÃncipe: todo eso es ocioso e inútil. En cuanto a esas damas que bajan los peinados, que se cubren el pecho y que alargan las mangas, resulta una burla enojosa, igual que lo del orador que se aplaude a sà mismo por su elocuencia.