Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault —Están burlándose de vos —dijeron los dos a una—, cuando os hacen semejantes crĂticas.
—Reprueban —proseguĂ— la respuesta que da el prĂncipe a los que lo apremian a casarse, como demasiado jocosa e indigna de un prĂncipe grave y serio.
—Pero venid acá —repuso uno de ellos—, Âży quĂ© mal hay en que un joven prĂncipe de Italia, paĂs donde están acostumbrados a oĂr burlas a los hombres más graves y más encumbrados por su dignidad, y que además tiene a gala hablar mal de las mujeres y del matrimonio, materias tan dadas a la burla, se haya holgado un poco con tal tema? Sea como fuere, yo os pido gracia para ese pasaje asĂ como para el orador que creĂa haber convertido al prĂncipe, y para la bajada de los peinados; pues a los que no les haya gustado la respuesta jocosa del prĂncipe, camino llevan de haber arramblado tambiĂ©n con esos dos pasajes.
—Lo habéis adivinado —le dije—. Pero, por otro lado, los que no gustan más que de las cosas divertidas no han podido sufrir los pensamientos cristianos de la princesa, cuando dice que es Dios el que quiere probarla. Pretenden que es un sermón que no viene a cuento.