Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault TenÃa tal confianza en su belleza,
que una promesa asà le parecÃa
un juramento, habido con destreza,
de que nunca jamás se casarÃa.
El prÃncipe, de hinojos,
y bañados en lágrimas los ojos,
juró cuanto la reina le pidió;
la reina entre sus brazos se murió,
y entre gritos, plañido y lloriqueo,
nunca un marido armó tanto jaleo.
Oyendo sus sollozos noche y dÃa,
dedujeron que ya no durarÃa
mucho su duelo por su amor difunto,
pues lloraba a destajo
como hombre apresurado que el trabajo
quiere acabar al punto.

Y no se equivocaron al respecto.
Al cabo de unos meses, en efecto,
el rey quiso casarse
y empezó la elección a prepararse;
mas no era fácil cosa:
tenÃa que guardar su juramento
y era preciso que la nueva esposa
fuera más agraciada y más hermosa
que la llevada ha poco al monumento[48].
Ni la corte, con su feraz plantilla