Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault pues vuestra aya de fijo
en vuestros tiernos años ya os lo dijo).
«Ya sé —dijo ella, al ver a la princesa—
lo que os trae a mi lado,
y conozco la profunda tristeza
que vuestro corazón tiene embargado;
pero, estando yo aquÃ, no haya cuidado.
Nada podrá dañaros en el mundo,
si seguÃs mis consejos sin segundo.
Vuestro padre, es verdad, tiene intenciones
de casarse con vos, por de contado;
serÃa un gran pecado
acceder a sus locas pretensiones,
mas sin contradecirlo, con mis trazas,
hay un modo de darle calabazas.
Decidle de improviso
que, antes de que se rinda vuestro pecho
a su amor, y para saciar de hecho
todos vuestros deseos, es preciso
que un vestido os regale
color del tiempo[50]: a ver por dónde sale.
Con todo su poder y su riqueza,
y por más que los cielos
siempre colmen en todo sus anhelos,
jamás podrá cumplir esa promesa».
Temblando, la princesa
marchó rápidamente