Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault A orilla de las célebres montañas
donde el Po[9], deslizándose entre cañas,
estrena su corriente
paseando por las próximas campañas[10],
vivía un joven príncipe valiente,
gozo de su provincia y de su gente:
cuando el cielo lo hubo formado apenas,
ya derramó sobre él a manos llenas
lo que tiene de más extraordinario,
eso que de ordinario
reserva a sus amigos sabiamente
y da a los grandes reyes solamente.
Tenía, pues, colmado así de dones,
de alma y cuerpo todas las perfecciones:
robusto, ejercitado,
al oficio de Marte[11] era apropiado,
y a más de todas estas buenas partes[12],
por el secreto instinto que derrama
una divina llama,
amaba con pasión las bellas artes.
Le gustaba el combate, la victoria,
el gran proyecto, el hecho valeroso,
y en fin todo lo que hace a un nombre honroso
perdurar en la historia;
pero su pecho tierno y generoso
fue más sensible aún a la alta gloria
de hacer al pueblo suyo venturoso.
