Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault que le llena la bolsa diariamente
de escudos de oro? Ya nos falta poco.
Pedid la piel de ese animal sin par.
Como es su única fuente
de recursos, o mucho me equivoco,
o no os la podrá dar».
Mucho el hada sabÃa,
y con todo ignoraba todavÃa
que el amor violento,
con tal de estar contento,
oro y plata puede estimar en nada;
la infanta recibió inmediatamente
la piel galantemente
tan pronto como fue solicitada.
Pero cuando la piel le fue llevada
se asustó horriblemente
y comenzó a llorar amargamente.
Llegó de pronto su madrina, el hada,
y le hizo ver que, obrando rectamente,
no hay por qué temer nada;
que convenÃa hacer creer al rey
que estaba preparada
a someterse a la conyugal ley,
pero al momento, sola y disfrazada,
que se marchara a algún paÃs lejano,
obviando un mal tan cierto y tan cercano.
«En este cofre —dijo—, traje a traje,