Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault meteremos todo vuestro equipaje,
con tocador, espejo,
diamantes y rubíes. Junto os dejo
mi varita, que encierra
un mágico poder sobrehumano:
llevándola en la mano,
el cofre, siempre oculto bajo tierra,
recorrerá de modo clandestino
vuestro mismo camino,
y, cada vez que lo queráis abrir,
apenas mi bastón la tierra toque
cuando por arte de birlibirloque
vendrá ante vuestros ojos a surgir.
Para volveros irreconocible
la piel del asno es un disfraz perfecto.
Ocultaos bajo esta piel horrible:
nadie creerá, viéndoos con tal aspecto,
que algo tan espantoso
pueda encerrar un rostro tan hermoso».
Apenas la princesa, transformada,
con el frescor del alba dejó al hada,
cuando el príncipe, que para la fiesta
del feliz himeneo ya se apresta,
se entera horrorizado
de su funesto sino desgraciado.
No hay casa, ni camino, senda o huella
que no se reconozca prontamente;