Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault mas todo inútilmente:
no hay modo de saber qué ha sido de ella.
Honda melancolía
se extendió por doquier, triste y sombría;
se acabaron las bodas, el convite,
la tarta y el confite;
las damas de la corte, en su tristura,
apenas si probaron plato alguno;
pero el más triste fue sin duda el cura,
porque llegó muy tarde al desayuno
y, para más castigo,
encima se quedó sin el bodigo[53].
Entre tanto la infanta proseguía
su camino con aire pordiosero,
lleno el rostro de fea porquería;
a todo pasajero
la mano le tendía,
e intentaba, porfiada,
encontrar un empleo de criada.
Pero incluso a los menos delicados
y a los más desgraciados,
les bastaba mirarla
tan repugnante y llena de basura,
para que no quisieran escucharla
ni acoger a tan sucia criatura.
Andando, andando, andando marchó lejos,
lejos, lejos, más lejos todavía;