Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault o aquel en que el reflejo
del sol resplandecía,
o el hermoso vestido azul de vuelo,
al que el azul del cielo
igualar no podría,
y solo le dolía
comprobar que en aquel pequeño suelo
no se podía sola
del todo desplegar la larga cola.
A ella verse joven le gustaba,
con aquella rosada y blanca tez,
y cien veces más brava[57]
que nadie hubiera sido alguna vez;
aquel dulce placer la sustentaba
y hasta el otro domingo la llevaba.

Olvidaba decir con este cuento
que la gran alquería
de criadero[58] servía
a un rey muy poderoso y opulento;
que dentro de él había
gallinas del país de Berbería[59],
cormoranes, pintadas, gallarones,
rascones, almizclados[60] ansarones,
y mil aves exóticas y bellas,
que, diferentes casi todas ellas,
llenaban diez completos corralones.