Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault en donde se encontraba
de Piel de Asno aquel cuartucho escaso,
y por el ojo de la cerradura
miró por puro acaso.
Estaba ella, por ser dÃa de fiesta,
ricamente compuesta[62],
y llevaba el magnÃfico vestido
que, de gruesos diamantes
y oro fino tejido,
podÃa compararse por instantes
a los rayos del sol más deslumbrantes.
El prÃncipe, admirado,
la contempla a su gusto con agrado,
y, de puro contento,
recobrar puede apenas el aliento.
Por más bello que sea su vestido,
cien veces más lo tienen conmovido
del rostro la hermosura,
su óvalo perfecto,
sus rasgos delicados, su blancura
espléndida, su juvenil frescura;
con todo, la nobleza de su aspecto
y aún más su recato y discreción
—la prueba más segura
de la belleza de su alma pura—
se apoderaron de su corazón.
Del ardor que lo agita y desconcierta,