Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault Por más que le han contado,
él no puede creer a aquella gente;
el rostro que el amor ha dibujado,
presente en su memoria tenazmente,
jamás será borrado.
Y la reina, su madre, como quiera
que no tiene más hijos, lastimera,
se desespera y llora,
y a que declare el mal que lo devora
lo apremia e insta en vano;
Él llora, hipa, suspira, gimotea,
no dice nada, a no ser que desea
comer un pastel hecho por la mano
de Piel de Asno; y la madre no comprende
qué quiere decir su hijo y qué pretende.
«¡Oh, señora! —le dicen—. ¡Qué desea!
Esa Piel de Asno es más negra que un topo
y más pazpuerca[64] y fea
que un guarro marmitón, ¡y aún es piropo!».
«No importa lo que sea
—dice al punto la reina—; de momento
ha de ser nuestro solo pensamiento
satisfacerle y darle gusto en todo».
Su madre lo querÃa de tal modo,
que oro le hubiera dado,
si comer oro hubiera deseado.
Asà que Piel de Asno toma harina,