Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault sin que ellas sepan que las han mirado.
Igualmente tengo el convencimiento,
y podrÃa jurarlo sin cuidado,
de que ella no dudó ni un solo instante
que su joven amante
verÃa la sortija con agrado.
Nunca salió pastel más delicioso,
y al prÃncipe le supo tan sabroso,
que no faltó un pelillo
para que con aquel tragar goloso
se tragara también hasta el anillo.
Cuando vio la esmeralda inestimable,
el estrecho aro de oro, que mostraba
y la forma del dedo dibujaba,
se emocionó con un gozo inefable;
bajo la almohada lo guardó al momento,
y, puesto que su mal iba en aumento,
los médicos, preñados de experiencia,
viéndolo adelgazar de dÃa en dÃa,
dictaminaron con su magna ciencia
que eran males de amor lo que tenÃa.
Como es el himeneo hasta el presente,
por mucho que se lo haya denigrado,
un remedio excelente
para la enfermedad de que se ha hablado,
dedujeron de modo concluyente
que casarlo serÃa lo sensato;