Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault hízose de rogar no poco rato
y al fin dijo: «De acuerdo, pero accedo
solo si en matrimonio se me dona
a la única persona
que le vaya este anillo bien al dedo».
Fue grande de los reyes la sorpresa
ante esta petición estrafalaria,
pero estaba tan mal, que, en su extrañeza,
no osó nadie llevarle la contraria.
Vedlos cómo se ponen a buscar
a la que aquel anillo, sin mirar
a noblezas de sangre ni linaje,
iba en tan alto rango a colocar;
no hay nadie que no baje
a presentar su dedo, ni se mueva
a ceder su derecho a hacer la prueba.
Habiéndose la especie[65] propagado
de que hace falta un dedo muy delgado
para aspirar al príncipe heredero,
no falta charlatán ni titerero
que, para ser oído con agrado,
no posea el secreto
de adelgazar el dedo más repleto;
siguiendo una su insólito capricho,
lo rae de cabo a rabo
como si fuera un nabo;
otra corta un trocito al susodicho;