Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault otra se lo machaca
creyendo que de tal modo lo aflaca;
otra lo mete en cierta agua preciosa
para disminuirlo de tamaño,
y no logra otra cosa
que hacer caer la piel de modo extraño;
no queda, en fin, maniobra
que alguna dama no ponga por obra,
con tal de ver su dedo hecho dedillo
y conseguir que quepa en el anillo.
La prueba comenzó por las princesas,
marquesas y duquesas;
pero sus dedos, aunque delicados,
todavía no eran bien delgados
y no entraban. Allí las baronesas,
todas las damas nobles, las condesas,
su mano presentaron una a una,
pero en vano, pues no sirvió ninguna.
Después comparecieron las grisetas[66],
pues las hay muy bien hechas y coquetas,
con dedos menuditos,
graciosos y bonitos,
alguno de los cuales parecía
que ajustarse al anillo lograría.
Mas la sortija, fuera de su dueña,
era siempre muy grande o muy pequeña,
y con desdén profundo