Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault de debajo de aquella piel pizmienta[67]
una pequeña mano juvenil,
que parecía hecha de un marfil
que la púrpura hubiera coloreado,
y cuando con justeza sin igual
la sortija fatal[68]
hubo su breve dedo rodeado,
sufrió toda la corte
tal asombro que no es para contado.
En medio de este súbito transporte[69]
y atropellada charla
ante el rey disponíanse a llevarla;
mas pidió con empeño
que, antes de presentarse
a la vista de su señor y dueño,
la dejaran cambiarse
y ponerse un vestido más lucido.
A la verdad, toda la concurrencia
se aprestaba a burlarse del vestido;
pero, cuando llegó a la residencia
real, atravesando corredores,
con sus pomposas[70] ropas superiores,
cuya magnificencia
jamás fuera igualada;
y sus rubios cabellos fascinantes
sembrados de diamantes,
cuya luz deslumbrante e irisada