Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault formular los deseos que queramos».

Y allí, punto por punto,
le cuenta con detalles el asunto.
Al oírlo, la esposa,
resuelta y presurosa,
concibió mil proyectos en su mente;
pero, considerando conveniente
actuar con prudencia,
dijo a su esposo: «Blas, amigo mío,
para no cometer un desvarío,
y por nuestra impaciencia
estropearlo todo,
examinemos mano a mano el modo
de obrar en este caso y no a voleo;
dejemos, pues, nuestro primer deseo
para mañana y, antes de hacer nada,
vamos a consultarlo con la almohada».
«Me parece de perlas el consejo
—dijo el bueno de Blas—; trae vino añejo».
Bebió, y ante aquel fuego delicioso,
saboreando a sus anchas el reposo,
se apoyó en el respaldo de la silla
y dijo: «Con rescoldo tan hermoso,
¡qué bien vendría un ana de morcilla!».
Estaba estas palabras aún diciendo,
cuando su mujer, presa