Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault de quedarse inmediatamente viudo.
Y, dicho entre nosotros, tal vez fuera
la cosa que mejor hacer pudiera.
«Los hombres —se decÃa— hemos venido
a sufrir a este mundo fementido.
¡Mala fiebre amarilla
se lleve dos mil veces la morcilla!
¡Oh, plega a Dios, pécora condenada
que se te quede en la nariz colgada!».
La súplica sencilla
al punto por el cielo fue escuchada,
y apenas el marido
sus palabras habÃa proferido,
a la nariz de la mujer airada
el ana de morcilla vio pegada.
Este nuevo prodigio sorprendente
acabó de irritarla enormemente.
El caso es que Paquita
era bien parecida, era bonita,
de muy agradable aspecto,
y, si se ha de decir la verdad pura,
en tal lugar tamaña floritura[79]
no hacÃa, francamente, buen efecto;
salvo que tal pendiente,
al colgarle por cima de la boca,
le impedÃa charlar tranquilamente,
lo que para un esposo, ciertamente,