La educacion del estoico
La educacion del estoico Todo cuanto pienso o siento se vuelve[38] inevitablemente como una inercia. El pensamiento, que para otros es una brújula para actuar, es para mà un microscopio de ésta, que me hace ver universos que podrÃa atravesar cuando un paso bastarÃa para recorrerlos; como si el argumento de Zenón sobre la intrasponibilidad de cualquier espacio —que por ser infinitamente divisible es por tanto infinito— fuera una droga extraña con la que me hubieran intoxicado el organismo espiritual. Y el sentimiento, que en otros se introduce en la voluntad como la mano en el guante, o la mano[39] en la guarnición de la espada, en mi caso siempre fue otra manera de pensar, fútil como una rabia que nos hace temblar hasta no podernos mover, una especie de pánico de la exaltación que, como el pánico, clava[40] al suelo al medroso a quien el propio miedo deberÃa hacer huir.