La educacion del estoico
La educacion del estoico Lo abstracto siempre ha sido para mà más impresionante que lo concreto. Recuerdo que de niño no tenÃa miedo de nadie, ni de los bichos[45]; pero sà que tenÃa miedo de los cuartos oscuros… Recuerdo que esa aparente singularidad desorientaba la psicologÃa simple de lo que me rodeaba.
Asimismo, al contrario del hombre corriente, siempre he tenido más miedo a la muerte que a morir. Despreciaba incluso, y desprecio, el sufrimiento. Siempre sentà más aprecio por la conciencia que por las sensaciones agradables de mi piel. En la única operación quirúrgica, que me hicieron hace poco[46] (la amputación de la pierna izquierda), rehusé ser anestesiado. Sólo acepté una anestesia local[47].
Si hoy me dirijo a una muerte voluntaria, es porque el […] del condenado ya se me hace imposible. El dolor moral no es lo que me lleva a matarme; es la vacuidad moral en que se basa el dolor.
El estado de mi alma es aquél en que se basan los grandes misticismos, las renuncias trascendentes; éstos, sin embargo, se basan en la fe, y yo no tengo fe. Incluso el no tener fe, o el no poder o no saber tenerla, constituye la base de ese vacÃo propio[48] de la conciencia del mundo.