La educacion del estoico

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Pero la consideración de que era mucho más probable ser herido que me mataran me hizo callar el comentario al respecto. Nunca he temido al sufrimiento; más bien lo despreciaba o, más bien, sólo me preocupaba. Es una de las peculiares formas de discordancia que encontré en mi propósito de comentar lo abstracto.

Es singular que en ese duelo, lo que más me preocupaba —esa preocupación alejó todas las otras— era poder ser «batido», quedar en una posición inferior en el campo frente a mi adversario. Siempre he reconocido como un rasgo inferior e indomable el que no supiera perder; y el recelo de que no fuera a saber esconder la emoción del despecho fue algo que siempre me alejó de juegos, de competiciones, de todo cuanto implicara medirme con alguien. Confieso que esto casi me llevaría a eludir el duelo si fuera posible o decente hacerlo[49].

(La seducción de Maria Adelaide)

Ellos (los incontinentes) descubren facetas de los sentimientos humanos, arrojan luz sobre cosas sensibles que están entre tinieblas, a pesar del tacto carnal[50].

Razones por las que el barón no sedujo a más muchachas.

A algunas las seduje después, y a mis propios ojos fui risible, sin disculpa ni ◻[51].


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