Libro del desasosiego
Libro del desasosiego ¿He partido? Yo no lo juraría. Me vi en otras partes, en otros puertos, paseé por ciudades que no eran aquéllas, aunque, a decir verdad, ni aquéllas ni ésta son en propiedad ciudades. Os juro que fui yo quién se marchó y no el paisaje, que he sido yo el que visitó otras tierras y no ellas las que me visitaron a mí —eso, no lo puedo hacer—. Yo, que sin saber qué es la vida, no sé si soy yo el que la vive o si es ella la que me vive a mí (demos al verbo hueco «vivir» el sentido que se le quiera dar), así que no seré yo el que os jure nada.
He viajado. Me parece inútil explicaros que la cosa no me llevó meses ni días, ni otra cantidad alguna de cualquier medida de tiempo. Viajé en el tiempo, de acuerdo, pero no de este lado del tiempo, donde todo se cuenta por horas, días o meses. Ha sido del otro lado del tiempo por donde yo viajé, allá donde el tiempo no puede medirse. Corre, es cierto, pero no es posible medirlo. Diría que es más rápido que el tiempo que vemos viviéndonos. Me preguntaréis, cómo no, cuál es el sentido de estas frases; nunca os equivoquéis de tal modo. Desterrad el error infantil de preguntar el sentido de las cosas o de las palabras. Nada tiene sentido.
¿En qué barco he hecho tal viaje? En el Vapor Cualquiera. Reís. Yo también, y de vosotros tal vez. ¿Quién os dice a vosotros o a mí, que no estoy escribiendo símbolos para que los dioses comprendan?