Libro del desasosiego
Libro del desasosiego La angustia pérfida de los atardeceres, tímida jarcia de las auroras.
Sentémonos aquí. Desde aquí se ve más cielo. Es consoladora la enorme expansión de esta altura estrellada. La vida duele menos al observarla; pasa ante nuestra cara caliente de la vida el movimiento leve de un abanico.
Nada existe que tan íntimamente revele, que interprete tan completamente la sustancia de mi infortunio nato, como el tipo de devaneo que, en verdad, más cariño le pongo, el bálsamo que elijo con más íntima frecuencia para mi angustia existencial. El resumen de la esencia según la cual el deseo es sólo dormir la vida. Quiero, quiero demasiado a la vida para que pueda desear que se vaya, pero deseo demasiado el no vivir para tener sobre la vida un anhelo demasiado importuno.
Así es, lo dejaré escrito, el mejor de todos mis sueños. De noche con la casa en calma, ya sea porque los dueños salieran o estén callados, cierro las hojas de mi ventana con sus contraventanas y todo; embutido en un traje viejo, me acurruco en el hondo sillón y me introduzco en el sueño de ser un comandante retirado en un hotel de provincias, recién acabado de cenar, como alguien más sobrio, el compañero que perdió la razón.