Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Un silencio ruidoso de amenazas invadÃa como una brisa lÃvida la atmósfera visible de la saleta.
Todo esto por un brillo excesivo e inquietante en la luz de la luna sobre el océano que no mece, sino que estremece; se hizo evidente —y yo no lo habÃa oÃdo todavÃa— el que hubiera cipreses junto al palacio del PrÃncipe.
La espada del primer relámpago volteó vagamente más allá… Es del color del relámpago la luna sobre el mar y todo esto es ser ya ruinas y pasado lejano mi palacio del prÃncipe que no he sido jamás…
Como un ruido taciturno y aproximándose el barco entre las aguas, la saleta se oscurece lÃvidamente, y no murió, no está preso en parte alguna, no sé lo que [ha] sido de él —del prÃncipe— ¿qué gélida cosa desconocida es su destino ahora?…
Cada vez que mis intenciones se ponÃan en pie, a través de mis sueños, por encima del nivel normal de mi vida, y un por momento me sentÃa grande como un niño en un columpio, cada vez que esto ocurrÃa, hube de bajar como el niño al jardÃn municipal y reconocer mi derrota sin banderas desplegadas para el combate ni espada capaz de desenvainar.
