Libro del desasosiego
Libro del desasosiego El prestigio de las palabras aisladas o reunidas bajo la armonÃa de los sonidos, con resonancias Ãntimas y sentidos distintos en el momento justo en que se encuentran, el adorno de las frases dispuestas entre el sentido de las otras, malignidad de los vestigios, esperanza de los bosques y nada más que la tranquilidad de las albercas entre las huertas de la infancia de mis escondites… AsÃ, entre los altos muros de la absurda audacia, en las filas de los árboles y en los sobresaltos de lo que se marchita, otro que no fuese yo oirÃa de unos labios tristes una confesión negada a más firmes insistencias. Ni entre el fragor de las lanzas en el patio entrevisto, ni cuando los caballeros volvieran por la calle que se veÃa desde lo alto del muro, habrÃa más sosiego en el Solar de los Últimos, ni se recordarÃa otro nombre de este lado del camino, salvo al que de noche encantaba con aquello de las moras, al niño que murió más tarde, de la vida y la maravilla.
Leves, entre los surcos de hierba, puesto que los pasos abrÃan nadas entre el verdor agitado, los pasos de los últimos perdidos sonaban como arrastrándose, con recuerdos de lo que habrÃa de suceder más tarde, pero eran viejos los que habrÃan de venir, y jóvenes los que no vendrÃan jamás. Los tambores rodaban por la orilla de los caminos y los clarines se suspendÃan sin vida en unas manos fatigadas que acabarÃan por soltarlos si tuvieran fuerzas para abandonar algo.