Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Y tan suave es la sensación que me enajena del debe y del haber que, si alguien me hiciese una pregunta, responderÃa con suavidad, como si todo mi ser estuviese hueco, como si no fuese más que una máquina de escribir que viniese conmigo, portátil de mi yo abierto. No me fastidia la interrupción de mis sueños, pues son tan suaves que los continuo soñando aunque prosiga hablando o escribiendo o respondiendo o conversando incluso. Y después de todo esto, el té perdido se acaba y la oficina está a punto de cerrar… Me separo del libro, que cierro lentamente, ojos cansados de un llanto imposible y en una mezcla de sensaciones, sufro porque al cerrar la oficina el sueño se cierre con ella; porque en el gesto de la mano al cerrar el libro se encubra el pasado irreparable; porque se va a la cama de la vida sin sueño, sin compañÃa y sin sosiego, en el flujo y reflujo de mi conciencia revuelta, como dos mareas dentro de la negra noche, en el confÃn de los destinos de la nostalgia y de la desolación.