Libro del desasosiego
Libro del desasosiego No me indigno, porque la indignación es cosa de los fuertes; no me resigno porque la resignación es cosa de los nobles; no me callo porque el silencio es para los grandes. Y yo ni soy fuerte, ni grande ni noble. Sufro y sueño. Me quejo de ser flaco, de ser artista y me entretengo en poner música a mis quejas y en arrancar a mis sueños conforme me parece mejor la idea de encontrarlos bonitos.
Lamento sólo no ser un niño, para poder creer de nuevo en mis sueños y no estar loco para poder apartar el alma de todos los que la cercan, […]
Tomar el sueño por algo real, vivir demasiadamente los sueños me ha dado la espina de la rosa falsa de mi soñada vida: no me gustan ni siquiera los sueños, pues a todos les hallo defectos.
Ni pintando ese cristal de sombras coloreadas, logro ocultar el rumor de la vida ajena al mirarla desde otro ángulo.
¡Dichosos los que construyen sistemas pesimistas! No sólo se amparan de haber hecho algo, sino que se alegran de explicarlo, incluyéndose en el dolor universal.
No me voy quejando por el mundo. No protesto en nombre del universo. No soy pesimista. Sufro y me quejo, pero no sé muy bien si lo normal es el sufrimiento o si es humano sufrir. ¿Qué me importa a mí saber si eso es o no verdad?