Libro del desasosiego
Libro del desasosiego No sé si me pasa a mà solo o si les pasa a todos los que la civilización ha hecho nacer por segunda vez. Pero me parece que para mà o para quienes sienten como yo, lo artificial devino en natural y lo natural en extraño. O mejor dicho: lo artificial no ha devenido en lo natural y lo natural no ha devenido en lo diferente. Evito y detesto los vehÃculos, detesto y evito los productos de la ciencia —teléfonos, telégrafos— que hacen la vida más fácil, o los subproductos de la fantasÃa —gramófonos, receptores hertzianos— que a quienes divierten parecen divertidos.
Nada de eso me interesa, nada de eso deseo. Pero amo el Tajo porque una gran ciudad se levanta a su orilla. Disfruto del cielo porque lo veo desde un cuarto piso de una calle de la Baixa. Nada del campo o de la naturaleza me puede dar algo que valga lo que la majestad irregular de la ciudad tranquila, bajo la luz de la luna, vista desde Graça o Sao Pedro de Alcântara. No hay para mà flores como las que, bajo el sol, me da el colorido variadÃsimo de Lisboa.
La belleza de un cuerpo desnudo sólo la pueden sentir las razas vestidas. El pudor es a la sensualidad, lo que el obstáculo a la energÃa.
La artificialidad es la manera de disfrutar la naturalidad. Lo que he disfrutado en estos vastos campos, lo disfruté porque no vivo aquÃ. No siente la libertad quien jamás ha vivido atado.