Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Caemos entonces en ese estado de inercia en el que lo más que deseamos es comprender bien lo expuesto —una actitud estética, pues queremos comprender sin interesarnos, sin que nos importe que lo comprendido sea o no verdadero, sin que veamos en lo que comprendemos más que la forma exacta de su exposición, la actitud de belleza racional que tiene para nosotros.
Nos cansamos de pensar, de tener nuestras propias opiniones, de querer pensar para actuar. No nos cansamos, sin embargo, de tener, aunque transitoriamente, opiniones ajenas, con la única excusa de sentir su influjo y no seguir su impulso.
Existe un cansancio de la inteligencia abstracta que es el más horroroso de los cansancios. No pesa como pesa el cansancio del cuerpo ni inquieta como el cansancio del conocimiento por la emoción. Es el peso de la conciencia del mundo, un no poder respirar con el alma.
Entonces, como si el viento se encontrara con ellas, y fuesen nubes, todas las ideas con que hemos dado un sentido a la vida, todas las ambiciones y designios en que hemos fundado la esperanza de su continuidad, se rasgan, se abren, se apartan, volviéndose cenizas de niebla, harapos de lo que no fue ni podrá ser. Y tras la derrota surge, en su pureza, la soledad negra e implacable del cielo desierto y estrellado.