Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Hay, sin embargo, ocasiones en la meditación —y todos cuantos meditan llegan a ellas— en que todo está desgastado, viejo, visto, incluso lo que aún no se ha visto. Pues, por más que meditemos sobre cualquier cosa, y al meditarla la transformemos, jamás la transformaremos en algo que no sea propiamente sustancia de meditación. Nos alcanza, pues, el ansia de la vida, de conocer prescindiendo del conocimiento, de meditar sólo con los sentidos o de pensar de un modo táctil o sensible, desde dentro del objeto pensado, como si nosotros fuésemos el agua y él la esponja. Entonces también tenemos nuestra noche y el cansancio de todas las emociones se hace profundo, al ser emociones de pensamiento, ahora sí profundas en sí mismas. Pero es una noche sin descanso, sin luz de luna, sin estrellas, una noche como si todo estuviese del revés —el infinito vuelto interior y apretado, el día convertido en el forro negro de un traje desconocido.
Más vale, sí, más vale ser la babosa humana que ama y desconoce, que la sanguijuela que es repugnante sin saberlo. ¡Ignorar como vida! ¡Sentir como olvido! ¡Qué episodios perdidos en la estera verde y blanca de las naves lejanas, como saliva fría del timón que sirve de nariz bajo los ojos de las cámaras viejas!