Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Una tristeza de crepúsculo, hecha de cansancios y de falsas renuncias, un tedio de sentir algo, un dolor como el de un sollozo quieto o el de una verdad obtenida. Se me despliega del alma desa-lentada este paisaje de renuncias —alamedas de gestos abandonados, altos canteros de sueño ni siquiera bien soñados, inconsecuencias, como setos de boj dividiendo caminos vacÃos, suposiciones, como viejos estanques sin un surtidor vivo, todo se enmaraña y se ve pobre en el desaliño triste de mis emociones confusas.
Surge del lado del oriente la luz rubia de la luna de oro. La estela que se abre sobre el anchuroso rÃo forma serpientes en el mar.
Paso por grandes parálisis. No es que me pase, como todo el mundo, dÃas y dÃas para responder en una simple postal la carta urgente que me escribieron. Tampoco es que, como no hace nadie, aplace lo fácil que me es útil, o lo útil que me es agradable. Hay más sutileza en mi desentenderme de mÃ. Me paralizo en mi propia alma. Se da en mà una tregua de la voluntad, de la emoción, del pensamiento, y esta tregua dura dÃas y dÃas. Entonces, sólo la vida vegetativa del alma —la palabra, el gesto, el hábito— me expresan ante los demás y, a través de ellos, ante mÃ.
