Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Sí, lo que soy me resultaría insoportable, de no acordarme de lo que he sido. Y esta multitud ajena que continua saliendo de misa, y el comienzo de la multitud posible que comienza a llegar para entrar en la siguiente, son como barcos que pasan a mi través, río lento, bajo las ventanas cerradas de mi casa construida sobre sus orillas.
Memoria, domingos, misas, placer de haber sido, milagro del tiempo que ha subsistido por haber pasado y no se olvida jamás porque una vez fue mío… Diagonal absurda de las sensaciones normales, ruidos repentinos de los coches de alquiler cuyas ruedas resuenan en el fondo estridente de los coches y, de cualquier modo, por una paradoja maternal del tiempo, subsiste hoy, aquí mismo, entre lo que hoy soy y lo que perdí, en la anterior mirada sobre mí que soy yo…
¿Qué es lo que sé? ¿Qué busco? ¿Qué siento? ¿Qué pediría si pudiese pedir?
El dinero, los niños, los locos […]
Nunca debe envidiarse la riqueza excepto de manera platónica; la riqueza es libertad.
Cuanto más alto es un hombre de más cosas ha de privarse. En las pingollas no hay lugar más que para el hombre solo. Cuanto más perfecto, más completo. Y cuanto más completo, menos otro.