Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Ciertas horas-intervalos que he vivido, ante la Naturaleza, esculpidas en la ternura del aislamiento, quedarán en mí para siempre como condecoraciones. En esos momentos olvidé cualesquiera propósitos de vida, todas las direcciones deseadas. Disfruté de no ser nada, con una plenitud de bondad espiritual, diluyéndome en el regazo azul de mis aspiraciones. No he disfrutado jamás de una hora imborrable, nacida de un fondo espiritual de fracaso y de desá-nimo. En todas mis horas de libertad, un dolor dormía, florecía vagamente tras los muros de mi consciencia, en otros arriates, pero el aroma y el propio color de esas flores tristes atravesaban intuitivamente los muros y, más allá de ellos, donde florecen las rosas, nunca dejó de existir, en el misterio confuso de mi ser, un lado de acá esfumado en mi propia somnolencia de vivir.
Ha sido en un mar interior donde el río de mi vida ha desaguado. Alrededor de mi solar soñado, todos los árboles pregonaban el otoño. Este paisaje circular es la corona de espinos de mi alma. Los instantes más felices de mi vida fueron sueños, y sueños de tristeza, y me veía en sus lagos como un Narciso ciego que disfrutara con la frescura próxima del agua, sintiéndose inclinado sobre ella por una visión anterior y nocturna, oculta de las emociones abstractas, vivida en los rincones de la imaginación con una diligencia materna en preferirse.