Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Tus collares de piedras falsas amaron junto a mí mis mejores horas. Eran claveles mis flores preferidas, tal vez porque ellos no significaran refinamiento. Tus labios festejaban sobriamente la ironía de su propia sonrisa. ¿Comprendías bien tu destino? Era por conocerlo sin que lo comprendieses que el misterio escrito en la tristeza de tus ojos sombreaba tanto tus labios rendidos. Nuestra Patria estaba demasiado lejos para rosas. En las cascadas de nuestros jardines el agua translucía de silencio. En las pequeñas cavidades rugosas de las piedras, por donde discurría el agua, moraban los secretos de cuando niños, sueños del tamaño quieto de nuestros soldaditos de plomo, que podían ser puestos en las piedras de la cascada, en el transcurso estático de una gran maniobra militar, sin que nada faltase a nuestros sueños, ni nada retardase nuestras suposiciones.
Sé que he fracasado. He gozado de la voluptuosidad del fracaso como quien da un valor excesivo a una fiebre que mantiene a uno encerrado.
He tenido un cierto talento para la amistad, pero nunca he logrado amigos, bien porque me fallaron, bien porque yo concibiese la amistad como un error de mis sueños. He vivido siempre aislado y cada vez más aislado a medida que más me percaté de mí mismo.