Libro del desasosiego
Libro del desasosiego He fracasado de antemano en la vida, puesto que ni al soñarla me resultó sabrosa. Hasta mí ha llegado el cansancio de los sueños… Al sentirlo tuve una sensación superficial y falsa, como la que se siente al llegar al final de un camino infinito. Me alejé de mí sin saber a dónde, y ahí me he quedado, estático e inútil. Soy algo de lo que he sido. No me encuentro donde creo estar y si me busco, no sé quién me está buscando. Un hastío por todo me reblandece. Me siento como expulsado de mi propia alma.
Asisto a mí mismo, me presencio. Mis sensaciones pasan ante no sé qué mirada mía como algo ajeno. Me odio a mí mismo por todo. Todo tiene, hasta las raíces mismas del misterio, el color de mi tedio.
Estaban ya mustias las flores que me entregaron las Horas. Mi única acción posible es irlas deshojando lentamente. ¡Y eso es tan complejo de envejecimientos!
La mínima acción me es dolorosa como un acto heroico. El más pequeño gesto me cuesta idearlo como si fuese una cosa que realmente estuviera pensando hacer.
No aspiro a nada. Me duele la vida. Estoy mal donde estoy y mal donde pienso que puedo estar.
Lo ideal hubiera sido no tener más acción que la acción ficticia de un surtidor —subir para caer en el mismo sitio, brillar al sol sin ninguna utilidad, sonar en el silencio de la noche para que quien sueñe piense en ríos en su sueño y sonría relajadamente.