Libro del desasosiego
Libro del desasosiego En la tarde en la que escribo, el día de lluvia ha cesado. La alegría del aire es demasiado fría para la piel. El día va acabando no en gris, sino en un azul celeste. Un azul vago se refleja, incluso en las piedras de la calle. Duele vivir, pero es desde lejos. Sentir importa poco. Se enciende algún que otro escaparate. En una ventana u otra hay gente que va acabando su faena. El mendigo que pasa rozándome, se asombraría si me conociese.
En el azul menos pálido y menos azul, que se refleja en los edificios, atardece algo más la hora indefinida.
Cae levemente el día, en el que los que creen y se equivocan, se encadenan al trabajo ordinario y poseen en su propio dolor, la felicidad de la inconsciencia. Cae levemente, ola de luz que se detiene, melancolía de tarde inútil, bruma sin niebla que entra en mi corazón. Cae levemente, suave, indefinida palidez lúcida y azul de la tarde acuática —leve, suave, triste sobre la tierra simple y fría. Cae levemente, ceniza invisible, monotonía triste, hastío sin adormecimiento.