Libro del desasosiego
Libro del desasosiego He acabado por sentarme sobre la piedra de la encrucijada como ante el fuego del hogar que nunca tuve. Y comencé, a solas conmigo, a hacer barquitos de papel con las mentiras que me habían largado. Nadie me quiso creer, y no por mentiroso, de manera que no tuve ni un lago donde probar mi verdad.
Palabras ociosas, perdidas, metáforas sueltas que una vaga angustia encadena a las sombras… Vestigios de mejores horas, vividas en no sé cuáles arboledas… Lámpara apagada, cuyo oro brilla oscuro por la memoria de la extinta luz… Palabras lanzadas, no al viento, sino contra el suelo, dejadas escapar por entre los dedos, como hojas secas que hubiesen caído de un árbol invisiblemente infinito. Nostalgia de las albercas de los huertos aquellos… Ternura por lo que nunca llegó a suceder…
¡Vivir! ¡Vivir! Y al menos la sospecha de que en el tálamo de Proserpina habría dormido bien.