Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Desvío los ojos de la espalda de mi adelantado y pasándolos por los demás, que van andando por la misma calle, a todos abrazo con la misma nitidez y con la misma ternura absurda y fría que me han producido los hombros del tipo inconsciente al que sigo. Todos son iguales a él; todas estas mismas muchachas que hablan camino del taller, estos empleados que ríen camino de la oficina, estas amas de cría que regresan con las pesadas compras, esos recaderos —todo es una inmensa conciencia diversificada entre caras y cuerpos que se distinguen, como fantoches movidos por las cuerdas que mueven los dedos de las manos de alguien invisible. Pasan con todas las composturas con que se define la consciencia, y no tienen conciencia de nada, puesto que no tienen conciencia de tener conciencia. Inteligentes unos, los otros estúpidos, pero todos igualmente estúpidos. Los unos viejos, los otros jóvenes, pero todos de la misma edad. Unos hombres, otros mujeres, pero todos de un mismo sexo inexistente.