Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Por lo demás, no sueño ni vivo, sino que sueño la vida real. Todas las naves son naves de sueño con tal de que exista en nosotros el poder de soñarlas. Lo que mata al soñador es no vivir mientras sueña; lo que hiere al que hace algo, es no soñar cuando vive. Yo he fundido en un solo color de felicidad la belleza del sueño y la realidad de la vida. Por más que poseamos un sueño, jamás se posee un sueño tanto como se posee el pañuelo que se lleva en el bolsillo o, si se quiere, como se posee nuestra propia carne. Por más que se viva la vida en plena y desmesurada y triunfante acción, nunca desaparecen el […] del contacto con los demás, el tropezar con los obstáculos, aunque mínimos, el sentir cómo pasa el tiempo.
Matar el sueño es matarnos. Es mutilar nuestra alma. El sueño es lo que tenemos más realmente nuestro, de impenetrable e inexpugnablemente nuestro.
El Universo, la Vida —sea real o ilusión— es de todos, puesto que todos pueden ver lo que yo estoy viendo, y poseer lo que yo poseo —o por lo menos, pueden concebirse viéndolo o poseyéndolo y eso es […].
Lo que yo sueño, sin embargo, nadie más que yo puede verlo, ni poseerlo, a no ser yo. Y si mi visión del mundo exterior difiere de la de los otros, es porque en el sueño mío yo incluyo, sin querer, lo que del sueño mío se cuela en mis ojos y oídos.
