Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Lo más vulgar de los sueños es que los tenemos todos. Sobre cualquier cosa piensa en lo oscuro el mozo que se amodorra de dÃa contra el farol entre viaje y viaje. Sé en lo quepiensa: es en lo mismo en lo que yo me abismo entre anotación y anotación en el tedio veraniego de la oficina quietÃsima.
Para el que, incluso en sueños, como Hades raptó a Proserpina, ¿qué puede ser sino un sueño el amor de cualquier mujer del mundo?
Como Shelley he amado a AntÃgona antes de tiempo: todo amor temporal no ha tenido para mà otro sabor que el de recordar lo que perdÃ.
Desde la terraza de este café contemplo trémulamente la vida. Poco veo de ella —la extendida— en esta su concentración de plazoleta nÃtida y mÃa. Un marasmo como de principio de borrachera, me elucida el alma de las cosas. Recorre fuera de mÃ, en los pasos de quienes pasan y en la furia controlada de sus movimientos, la vida evidente y unánime. En esta hora para los sentidos todo se inmoviliza y todo me parece otra cosa —mis sensaciones son un error confuso y lúcido, y abro las alas pero no me muevo, como un cóndor de mentira.
Hombre de ideas que soy, quién sabe si mi mayor aspiración no es realmente no ocupar este lugar en la mesa de este café.
