Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Todo es vano, como remover las cenizas, vago como el momento en que no es del todo la mañana.
¡Y la luz pega tan serena y perfectamente en las cosas, las dora tan de realidad sonriente y triste! Todo el misterio del mundo desciende ante mis ojos esculpiendo en banalidad y calle.
¡Ah, cómo las cosas cotidianas rozan misterios para nosotros! ¡Cómo la superficie, que toca la luz, en esta vida compleja de humanos, la Hora, sonrisa incierta, sube a los labios del Misterio! ¡Qué moderno suena todo esto! ¡Y en el fondo, tan antiguo, tan oculto, tan teniendo otro sentido que la luz que brilla en todo esto!
Entre las tenues sombras de esa luz última antes de que la tarde empiece a ser ya noche, me gusta vagabundear sin pensar en nada de lo que la ciudad va cambiando, y voy como si nada tuviese ya remedio. Me agrada, más con la imaginación que con los sentidos, la dispersa tristeza que me acompaña. Vagabundeo y hojeo en mí, sin leerlo, un libro intersperso [sic] de fugaces imágenes, con las que voy formándome indolentemente una idea que nunca se completa.